Cómo recoger las confirmaciones de los invitados
Qué preguntar a los invitados, hasta qué día esperar la respuesta, cómo insistir a quien calla y cuándo toca dar a alguien por no asistente.
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Las confirmaciones no son una cortesía, son la cifra de la que depende casi todo el presupuesto: raciones, sillas, autobús, detalles, tarta. Un error de diez personas en la lista son diez cenas pagadas que nadie se come o diez personas sin sitio. Por eso conviene recogerlas con el mismo método con el que se elige el lugar de la celebración.
Por qué no funciona el «ya nos diréis»
«Decidnos si podéis venir» suena suave y justo por eso fracasa: no tiene plazo, ni destinatario, ni forma. Una parte contestará al momento, otra decidirá escribir luego y se olvidará, otra se lo dirá a tu madre en un cumpleaños y tú no te enterarás. Resultado: dos semanas antes de la boda estás con la lista delante intentando recordar quién dijo más o menos que sí.
Lo que funciona es lo contrario: una única forma concreta de responder, una fecha y una lista donde se acumule todo. Da igual que sea una página con botones o una hoja de cálculo que llevas a mano; lo importante es que el sitio sea uno solo.
Qué preguntar
La tentación de preguntarlo todo de golpe es enorme, pero cuanto más largo es el formulario, menos gente llega al final. Con cinco puntos basta, y solo el primero es obligatorio:
- Si viene o no: sí o no, sin «probablemente».
- Solo o con pareja, si habéis invitado con acompañante.
- Niños y su edad: de eso dependen el menú infantil y la canguro.
- Qué bebe: alcohol, sin alcohol, nada. Sin ese dato no se puede calcular la barra.
- Restricciones alimentarias: vegetariano, alergias, sin cerdo.
Todo lo demás (si necesita transporte, dónde duerme, a qué hora llega) se pregunta aparte y solo a quien le afecte. Al invitado que vive en la calle de al lado la pregunta sobre el hotel solo le estorba.
Hasta qué día esperar
La referencia son tres o cuatro semanas antes de la boda. No es un capricho vuestro: el restaurante suele pedir el número definitivo con dos semanas de antelación, y vosotros necesitáis margen para los que contesten tarde y para el plano de mesas.
La fecha límite va siempre en la propia invitación y con día concreto: no «antes de que acabe el verano», sino «contestad, por favor, antes del 15 de agosto». Un plazo difuso se lee como «algún día». Sobre todo el calendario de envío hay más en el artículo con cuánta antelación enviar las invitaciones.
Cómo recordarlo
El silencio casi nunca significa un no: normalmente la persona abrió la invitación en mal momento y lo dejó para luego. Por eso el recordatorio hay que darlo por hecho desde el principio, en vez de vivirlo como algo violento.
El esquema que no molesta: una semana antes del plazo, un mensaje corto a todos los que aún no han contestado. Pasado el plazo, mensaje privado o llamada a los que siguen callados. Nunca en el grupo: ahí el recordatorio lo leen todos y contestan cuatro.
¡Olga, hola! Cerramos la lista de invitados el viernes, ¿me decís si podéis venir? Es que tenemos que darle el número exacto al restaurante.
Una fórmula con motivo funciona mejor que un «¿bueno, qué, vienes?»: la persona ve que no es control, sino una cifra para el restaurante.
Los que nunca contestan
Después del segundo recordatorio, lo honesto es dar por no asistente al invitado que sigue callado. Es desagradable, pero la alternativa es pagar un sitio que con toda probabilidad se quedará vacío.
Caso aparte: los que responden «intentaré ir». Eso no es una respuesta. Preguntadlo directamente: «tenemos que dar el número, ¿te apunto o no?». Normalmente la persona se decide al instante.
Dónde guardarlo todo
Mientras haya menos de veinte invitados, basta con una hoja de cálculo. A partir de ahí empieza el trabajo manual: los nombres en las conversaciones, las bebidas en las notas del móvil, los niños en la cabeza, y en algún momento descubres que las tres fuentes no cuadran.
La invitación digital se encarga justo de esa parte: el invitado contesta en la propia página y la lista se actualiza sola; se ve quién la ha abierto, quién ha confirmado, quién ha elegido menú y quién viene con niños. De ahí salen ya las raciones y se monta el plano de mesas sin volver a copiar los nombres. Cómo está montado se ve en la página de invitación digital.
El orden en corto
- Poner en la invitación una sola forma de responder y una fecha concreta.
- Preguntar como mucho cinco cosas; el resto, caso por caso.
- Una semana antes del plazo, recordárselo a todos los que callan.
- Pasado el plazo, ir uno por uno con los silenciosos.
- Dos semanas antes de la boda, dar el número definitivo al restaurante y no moverlo más.
Ya solo queda la invitación
Elige una plantilla, escribe vuestro texto y envía a los invitados un enlace personal. Gratis y sin registro.